top of page

Regulación MiCA y VASP: Cómo estructurar una empresa crypto regulada.

  • Foto del escritor: ARX
    ARX
  • 13 ago
  • 9 min de lectura

Actualizado: 27 ago

Licencias para empresas dedicadas a comercio criptográfico


La regulación de los activos digitales ha cambiado profundamente la forma en que debe diseñarse una empresa crypto que pretende operar internacionalmente.


Durante años, el crecimiento del sector estuvo acompañado por modelos corporativos que priorizaban la velocidad de lanzamiento, la tecnología y la expansión comercial. La regulación aparecía después, como una capa que debía incorporarse cuando la operación alcanzaba determinado tamaño o comenzaba a relacionarse con instituciones financieras.


Ese enfoque resulta cada vez menos sostenible.


Con la entrada en aplicación del marco europeo MiCA y la evolución de los distintos regímenes aplicables a proveedores de servicios de activos virtuales, la arquitectura regulatoria se ha convertido en una parte central del diseño empresarial.


La diferencia es importante.


Una empresa crypto no puede definirse únicamente por la tecnología que utiliza ni por el producto que ofrece.


También debe analizarse qué actividad desarrolla, qué servicios presta, en qué mercados opera, qué entidad asume cada función, cómo se gobierna la organización, cómo se gestionan los riesgos y bajo qué marco regulatorio debe desarrollarse cada actividad.


MiCA introduce un marco armonizado en la Unión Europea para determinados criptoactivos y servicios relacionados, mientras que el concepto de VASP continúa utilizándose dentro de otros marcos regulatorios y jurisdicciones.


Por eso, utilizar ambos términos como si fueran equivalentes puede conducir a una arquitectura incorrecta.


La estructura debe partir de la actividad real.


No del nombre de la licencia.


No del país elegido.


Y tampoco de la idea de que una sociedad crypto puede utilizarse indistintamente para cualquier modelo de negocio.


La verdadera arquitectura regulatoria comienza mucho antes de la autorización.


La primera decisión no es dónde constituir la empresa.


Cuando un proyecto crypto comienza su planificación internacional, existe una tendencia natural a concentrarse inmediatamente en la jurisdicción.


Sin embargo, la ubicación de la entidad debería ser consecuencia del análisis y no el punto de partida.


Antes de determinar dónde se establecerá la empresa, es necesario comprender exactamente qué pretende hacer.


No es lo mismo desarrollar una infraestructura tecnológica que prestar servicios relacionados con activos digitales.


Tampoco es equivalente operar un exchange, custodiar activos de clientes, ejecutar determinadas órdenes, facilitar transferencias, gestionar una plataforma o desarrollar actividades relacionadas con la emisión de determinados criptoactivos.


Cada función puede producir consecuencias regulatorias diferentes.


Por eso, la arquitectura comienza con una clasificación precisa de la actividad.


La empresa debe poder determinar qué hace realmente, qué servicios ofrece al cliente, qué activos intervienen y qué entidades participan en cada etapa de la operación.


Solo después de comprender esa realidad puede analizarse qué marco regulatorio resulta aplicable y qué estructura corporativa puede sostenerlo.


Este orden evita uno de los errores más comunes en proyectos internacionales: elegir primero una sociedad y tratar de adaptar posteriormente el modelo de negocio a ella.


Una arquitectura sólida funciona en sentido contrario.


Primero define la actividad.


Después diseña la estructura capaz de soportarla.


La regulación MiCA no debe entenderse simplemente como una licencia crypto.


MiCA representa un cambio relevante en la manera en que determinadas actividades relacionadas con criptoactivos se organizan dentro de la Unión Europea.


Pero reducirlo a la idea de una licencia sería perder de vista su verdadera dimensión.


El marco regulatorio incorpora exigencias relacionadas con la organización, gobierno, conducta, información, protección del cliente y gestión de riesgos, entre otros elementos que dependen del servicio y actividad desarrollados.


Por eso, una empresa que pretende operar bajo un marco regulado debe pensar en mucho más que el momento de obtener una autorización.


Debe diseñar la organización que permitirá cumplir las obligaciones de manera continua.


La autorización representa una parte del proceso.


La arquitectura regulatoria es el sistema que permite sostener la actividad una vez que comienza a operar.


Esta diferencia es especialmente importante en negocios tecnológicos porque la velocidad de desarrollo del producto puede ser considerablemente mayor que la velocidad con la que evoluciona la estructura corporativa.


Una plataforma puede incorporar nuevas funcionalidades en semanas.


Pero una nueva funcionalidad puede modificar la naturaleza del servicio, el perfil de riesgo o las obligaciones regulatorias de la empresa.


Por eso, el diseño debe incorporar desde el principio una capacidad real de adaptación.


VASP y CASP no deben confundirse.


El término VASP, utilizado en diferentes marcos regulatorios, se refiere generalmente a proveedores de servicios relacionados con activos virtuales.


Sin embargo, no debe asumirse que cualquier empresa denominada VASP opera bajo el mismo marco regulatorio ni que VASP y CASP son términos intercambiables.


Dentro del marco europeo de MiCA, el concepto relevante para determinados proveedores es el de Crypto-Asset Service Provider, o CASP.


La diferencia terminológica refleja una cuestión mucho más importante: la regulación depende de la actividad concreta y del marco jurídico aplicable.


Una empresa puede encontrarse registrada o autorizada bajo un régimen determinado y, al cambiar de mercado, descubrir que necesita cumplir requisitos diferentes.


Por eso, la arquitectura internacional de una empresa crypto debe comenzar con una matriz clara de actividades y mercados.


No basta con identificar una licencia.


Debe determinarse qué actividad cubre, en qué territorio produce efectos y qué entidad será responsable de desarrollarla.


Esta precisión evita construir una estructura sobre equivalencias regulatorias que en la práctica no existen.


Una empresa crypto regulada necesita una arquitectura corporativa coherente.


La estructura societaria debe reflejar la realidad del negocio.


En determinados proyectos puede existir una entidad que desarrolla la actividad regulada y otras que desempeñan funciones relacionadas con tecnología, propiedad intelectual, servicios corporativos u otras actividades del grupo.


La conveniencia de separar estas funciones dependerá de la naturaleza del proyecto, del marco regulatorio aplicable y de las responsabilidades que deba asumir cada entidad.


El objetivo no es multiplicar sociedades.


Es asignar correctamente las funciones.


Una estructura excesivamente concentrada puede hacer que distintas actividades y riesgos recaigan sobre la misma entidad sin necesidad.


Una estructura excesivamente fragmentada puede dificultar la administración, aumentar la complejidad y hacer más difícil explicar la organización ante bancos, reguladores e inversionistas.


La arquitectura adecuada se encuentra en el punto donde cada entidad tiene una función clara y las relaciones entre ellas pueden explicarse con lógica empresarial.


La estructura corporativa debe permitir comprender quién desarrolla la actividad regulada, quién controla la operación, dónde se toman las decisiones relevantes y cómo se relacionan las diferentes partes del grupo.


La sofisticación no está en tener más entidades.


Está en tener la arquitectura correcta.


La gobernanza es parte de la arquitectura, no un requisito documental.


Una empresa crypto regulada necesita algo más que una entidad legalmente constituida.


Necesita una organización capaz de gobernar la actividad.


Las responsabilidades deben estar definidas.


Las funciones críticas deben encontrarse correctamente asignadas.


Los mecanismos de supervisión deben corresponder con el nivel de riesgo.


Y las decisiones relevantes deben poder ser comprendidas dentro de una estructura de gobierno coherente.


Esto adquiere especial relevancia en un sector donde la tecnología puede automatizar una parte importante de la operación.


La automatización no elimina la responsabilidad empresarial.


Por el contrario, una organización regulada necesita comprender quién supervisa los procesos, cómo se gestionan las excepciones y qué mecanismos existen cuando una operación se aparta de los parámetros establecidos.


La gobernanza convierte la estructura jurídica en una organización funcional.


Sin ella, una empresa puede tener una licencia y seguir careciendo de la infraestructura necesaria para sostener correctamente la actividad que esa autorización permite desarrollar.


El cumplimiento debe diseñarse alrededor del modelo operativo.


En una empresa crypto, el cumplimiento no puede reducirse a políticas almacenadas en documentos corporativos.


Debe integrarse en la operación.


La identificación de clientes, la gestión de riesgos, el monitoreo de determinadas operaciones, la trazabilidad de los recursos y la gestión de incidencias deben responder a la naturaleza real del negocio y a las obligaciones aplicables.


La intensidad de estos mecanismos dependerá del modelo concreto.


Una empresa que desarrolla una actividad limitada no necesariamente necesita la misma arquitectura operativa que una plataforma con múltiples servicios, mercados y grandes volúmenes transaccionales.


Por eso, el cumplimiento debe diseñarse de manera proporcional.


No se trata de construir una organización artificialmente pesada.


Se trata de asegurar que la infraestructura de control sea suficiente para sostener la actividad que realmente se desarrolla.


Esta proporcionalidad también contribuye a que el negocio pueda crecer sin convertir cada expansión en una reconstrucción completa de sus procesos.


La regulación deja entonces de ser un conjunto de obligaciones independientes.


Se convierte en parte de la infraestructura empresarial.


La arquitectura financiera debe acompañar a la arquitectura regulatoria.


Una empresa crypto puede tener una estructura regulatoria adecuada y, aun así, enfrentar dificultades para relacionarse con bancos, proveedores de pagos o instituciones financieras.


La razón vuelve a ser la coherencia.


Las instituciones financieras necesitan comprender qué hace la empresa, de dónde provienen sus

recursos, qué tipo de clientes atiende, qué servicios presta y cómo circulan los fondos dentro de la operación.


  • La arquitectura financiera debe responder a esas mismas preguntas.

  • Los flujos entre entidades deben tener una razón empresarial.

  • Los ingresos deben corresponder con la actividad.

  • Las relaciones con proveedores deben estar documentadas.


Y la estructura corporativa debe permitir identificar claramente las responsabilidades de cada componente.


En proyectos crypto, esta dimensión adquiere especial relevancia porque la actividad puede involucrar diferentes tipos de activos digitales, monedas fiduciarias, proveedores tecnológicos y mercados internacionales.


La complejidad puede ser legítima.


Lo importante es que pueda explicarse.


La banca internacional no necesita necesariamente una estructura simple.


Necesita una estructura comprensible.


La sustancia económica adquiere especial relevancia en negocios crypto.


La tecnología puede operar globalmente.


Una empresa, sin embargo, continúa necesitando una organización real.


La existencia de una plataforma digital no sustituye la necesidad de contar con una estructura empresarial coherente con las funciones que desarrolla.


  • La sustancia debe corresponder con la actividad.

  • Las responsabilidades asignadas a una entidad deben poder ejecutarse realmente.

  • Las funciones relevantes deben encontrarse correctamente organizadas.


Y la estructura debe mantener coherencia con el modelo que se presenta ante reguladores, instituciones financieras y contrapartes.


Esto no significa crear una apariencia artificial de presencia.


Significa diseñar una organización que pueda sostener las responsabilidades que asume.


Una arquitectura regulatoria sólida no intenta aparentar que una empresa tiene una determinada realidad.


Construye esa realidad desde el principio.


La expansión internacional exige una arquitectura preparada para evolucionar.


El mercado crypto cambia rápidamente.


Aparecen nuevos servicios, nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio y nuevas exigencias regulatorias.


Una estructura diseñada únicamente para la actividad actual puede quedarse limitada cuando el negocio comienza a evolucionar.


Por eso, la arquitectura debe contemplar el crecimiento.


Esto no significa intentar anticipar cada posible modificación normativa.


Significa construir una organización capaz de incorporar nuevas actividades sin perder coherencia.


Cuando una empresa añade un nuevo servicio, la arquitectura debe permitir analizar si ese servicio modifica sus obligaciones regulatorias, su perfil de riesgo, sus relaciones financieras o las funciones de sus diferentes entidades.


La expansión deja entonces de ser una sucesión de ajustes improvisados.

Se convierte en una evolución controlada de la arquitectura.


Esta capacidad de adaptación puede convertirse en una ventaja competitiva importante.


En un sector donde la tecnología cambia rápidamente, una empresa regulada necesita que su estructura pueda evolucionar con la misma disciplina.


Una empresa crypto regulada debe poder explicar su propia arquitectura.


La mejor prueba de una estructura internacional es su capacidad para ser explicada.


  • Quién controla la empresa.

  • Qué actividad desarrolla.

  • Qué entidad presta cada servicio.

  • Qué marco regulatorio resulta aplicable.

  • Cómo se gestionan los riesgos.

  • Cómo se relaciona la operación con la banca.

  • Dónde se desarrollan las funciones sustanciales.


Y cómo se integran todas esas piezas dentro del grupo.


Cuando las respuestas forman una misma historia empresarial, la arquitectura adquiere solidez.


Cuando cada elemento parece responder a una lógica diferente, aparecen fricciones.


Esto es particularmente importante para empresas crypto porque el sector todavía puede generar niveles elevados de escrutinio institucional.


La sofisticación tecnológica no sustituye la claridad corporativa.


Una plataforma puede ser técnicamente avanzada y necesitar, al mismo tiempo, una arquitectura jurídica y regulatoria extraordinariamente precisa.


La verdadera madurez de una empresa crypto no se demuestra únicamente por la tecnología que ha construido.


También se demuestra por la calidad de la organización que existe detrás de ella.


Conclusión.


Una empresa crypto regulada no se construye alrededor de una licencia.


Se construye alrededor de una actividad.


A partir de esa actividad se determina el marco regulatorio aplicable, la entidad que debe asumir las funciones correspondientes, la estructura de gobierno, los mecanismos de cumplimiento, la arquitectura financiera y la organización necesaria para sostener la operación.


MiCA representa una referencia fundamental para determinados servicios y actividades dentro de la Unión Europea, mientras que los marcos VASP continúan teniendo relevancia en otras estructuras regulatorias.


Por eso, la estrategia internacional no debe comenzar con la búsqueda de una jurisdicción.


Debe comenzar con una clasificación precisa del negocio.


Cuando esa clasificación es correcta, las decisiones posteriores adquieren sentido.


  • La estructura corporativa deja de ser arbitraria.

  • La regulación deja de ser una capa añadida.

  • La banca puede analizarse desde una perspectiva coherente.


Y el cumplimiento puede integrarse dentro de la operación desde el principio.


La diferencia entre una empresa crypto que simplemente obtiene una autorización y una empresa crypto verdaderamente preparada para operar internacionalmente se encuentra precisamente en esa arquitectura.


Una licencia permite desarrollar una actividad bajo determinadas condiciones.


Una arquitectura bien diseñada permite construir una organización capaz de sostenerla.


Diseñar una empresa crypto para operar, no solamente para obtener una autorización.


Una empresa crypto internacional requiere mucho más que una sociedad y una autorización.


Necesita una arquitectura donde actividad, regulación, gobierno, cumplimiento, estructura corporativa y operación financiera formen parte de un mismo diseño.


En ARX analizamos el modelo de negocio antes de definir la estructura, identificando las actividades que desarrolla, los mercados objetivo, las funciones que deben asumir las diferentes entidades y el marco regulatorio aplicable a cada componente.


El objetivo no es simplemente incorporar una entidad que pueda solicitar una autorización.


Es construir una organización preparada para sostener las responsabilidades que esa autorización implica.


Porque en el entorno regulado de los activos digitales, la verdadera sofisticación no consiste en encontrar una estructura que permita comenzar.


Consiste en diseñar una arquitectura capaz de acompañar el crecimiento del negocio sin perder coherencia regulatoria, financiera y operativa.






ARX | Consultoría Patrimonial Privada.


"La regulación no debe adaptarse a una estructura ya creada. La estructura debe diseñarse alrededor de la actividad que pretende desarrollar."







bottom of page