Estructuración legal para proyectos Web3 y Tokenización: Emisión de activos vs servicios VASP.
- ARX

- 18 ago
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Actualizado: 27 ago

El desarrollo de proyectos Web3 ha cambiado la forma en que una empresa puede crear, representar, transferir y administrar valor. La tecnología blockchain permite construir modelos que hace algunos años no tenían un equivalente operativo claro: activos digitales, sistemas de participación tokenizada, plataformas descentralizadas, infraestructura financiera digital, servicios de custodia y nuevos modelos de interacción entre usuarios y activos.
Pero la innovación tecnológica no elimina la necesidad de una arquitectura jurídica.
La transforma.
Uno de los errores más frecuentes en este sector consiste en tratar toda actividad relacionada con tokens como si perteneciera a una misma categoría regulatoria. Bajo esa lógica, emitir un token, custodiar activos digitales, facilitar transferencias, operar una plataforma o prestar servicios sobre activos virtuales parecen formar parte de un único negocio.
En realidad, pueden representar actividades jurídicamente y operativamente diferentes.
La diferencia es fundamental porque una estructura creada para emitir un activo digital no necesariamente es la adecuada para prestar servicios VASP. Del mismo modo, una sociedad que desarrolla tecnología blockchain no debe confundirse automáticamente con una entidad que realiza actividades reguladas sobre activos virtuales.
La primera decisión no debería ser qué licencia obtener.
Debería ser determinar qué actividad está realizando realmente el proyecto.
Los proyectos Web3 no es una categoría regulatoria.
“Web3” es un concepto tecnológico y empresarial, no una licencia.
Dentro de un mismo proyecto pueden coexistir desarrollo de software, propiedad intelectual, emisión de activos digitales, administración de una plataforma, servicios financieros, custodia, intermediación, comercialización o actividades relacionadas con una comunidad.
Cada función puede tener una consideración diferente.
Esta realidad explica por qué copiar la estructura de otro proyecto Web3 rara vez constituye una estrategia adecuada. Dos empresas pueden utilizar blockchain y tokens, pero desarrollar actividades completamente distintas.
Una puede crear una infraestructura tecnológica.
Otra puede emitir un activo digital para representar derechos económicos.
Otra puede facilitar la negociación de activos de terceros.
Otra puede mantener activos de clientes bajo custodia.
Otra puede desarrollar una plataforma que combina varias de estas funciones.
Desde una perspectiva de arquitectura corporativa, el nombre comercial del proyecto importa menos que la actividad económica y jurídica que realmente desarrolla.
Emitir un token no equivale a prestar servicios VASP.
La diferencia entre emisión y prestación de servicios es uno de los puntos que más fácilmente se confunden.
La emisión está relacionada con la creación y puesta en circulación de un activo digital bajo determinadas condiciones. Los servicios VASP, en cambio, se relacionan con actividades desarrolladas alrededor de activos virtuales, como determinadas formas de intercambio, transferencia, custodia o servicios vinculados con estos activos, dependiendo del marco regulatorio aplicable.
FATF incorporó los activos virtuales y los proveedores de servicios de activos virtuales a sus estándares de prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, y ha desarrollado criterios específicos para su supervisión y para la aplicación de medidas como la Travel Rule.
Esto significa que una empresa puede encontrarse dentro de un entorno regulatorio distinto dependiendo de qué hace con el activo, no simplemente de si utiliza blockchain.
La tecnología utilizada no determina por sí sola la naturaleza jurídica de la actividad.
La función sí.
El token debe analizarse antes que la sociedad.
Antes de constituir una entidad para un proyecto Web3, resulta necesario comprender qué representa el activo digital que se pretende crear.
No todos los tokens tienen la misma función.
Un token puede utilizarse para acceder a una plataforma, representar una participación económica, reflejar derechos sobre un activo, facilitar determinadas operaciones dentro de un ecosistema o representar una forma de valor digital.
La clasificación jurídica dependerá del diseño concreto y del marco regulatorio de los mercados en los que se pretenda ofrecer o comercializar.
Por eso, la tokenización no debería comenzar con la tecnología.
Debería comenzar con el derecho que el token representa, la función que cumple y la relación económica que crea.
La blockchain puede registrar la existencia y transferencia del activo.
Pero no determina por sí sola qué derechos existen detrás de ese activo.
La tokenización es una arquitectura, no solamente una tecnología.
La tokenización puede utilizarse para representar activos físicos o financieros mediante registros digitales sobre una infraestructura distribuida. Esta evolución está pasando progresivamente de proyectos experimentales hacia aplicaciones financieras y empresariales más concretas.
Eso abre oportunidades importantes.
También aumenta la necesidad de precisión.
Cuando un activo tradicional se convierte en un token, no desaparecen las relaciones jurídicas que existían antes. En determinados modelos pueden coexistir derechos de propiedad, contratos, obligaciones frente a inversionistas, mecanismos de custodia, restricciones de transferencia y reglas de gobernanza.
La tecnología puede automatizar parte de estos procesos.
No sustituye la arquitectura legal que los sostiene.
Un proyecto de tokenización profesional debe poder responder de manera coherente a varias capas simultáneamente: qué se tokeniza, quién lo posee, qué representa el token, quién puede adquirirlo, cómo puede transferirse y qué entidad administra cada función.
La estructura corporativa debe seguir las funciones.
Una de las decisiones más importantes en un proyecto Web3 es determinar si todas las actividades deben desarrollarse dentro de una única sociedad.
La respuesta no es universal.
En proyectos sencillos puede existir una razón para mantener una estructura relativamente concentrada. En proyectos internacionales más sofisticados, separar determinadas funciones puede permitir una gestión más clara de propiedad intelectual, operación tecnológica, emisión, servicios regulados o relaciones con terceros.
Pero separar entidades únicamente para multiplicar sociedades tampoco constituye una buena arquitectura.
Cada entidad debe tener una razón.
Una sociedad puede concentrar la propiedad intelectual.
Otra puede desarrollar determinadas actividades operativas.
Otra puede ser responsable de una actividad regulada cuando el marco aplicable así lo requiera.
Otra puede mantener determinadas relaciones de inversión o participación.
Lo importante es que la relación entre ellas pueda explicarse.
La estructura no debe reflejar la complejidad de la tecnología. Debe reflejar la función del negocio.
La regulación internacional no se mueve al mismo ritmo.
Los proyectos Web3 suelen operar de forma naturalmente internacional.
Un equipo puede estar en un país, la sociedad en otro, los desarrolladores en diferentes jurisdicciones, los usuarios distribuidos globalmente y los activos digitales accesibles desde múltiples mercados.
Esto genera una dificultad adicional.
La regulación no necesariamente sigue el mismo modelo en todos los lugares.
FATF proporciona estándares internacionales para activos virtuales y VASP, pero la implementación corresponde a cada jurisdicción. El propio FATF continúa señalando diferencias importantes en el nivel de implementación de sus estándares entre países.
Por eso, una estructura Web3 internacional no puede diseñarse únicamente preguntando qué permite un país.
Debe analizarse dónde se desarrolla cada actividad y qué mercados se pretende atender.
La geografía digital no elimina la geografía regulatoria.
El error de buscar una “jurisdicción cripto”.
Una búsqueda frecuente consiste en encontrar el país que ofrezca la licencia aparentemente más sencilla para un proyecto Web3.
Ese enfoque puede ser demasiado limitado.
La pregunta correcta no es simplemente dónde existe una regulación favorable a los activos digitales.
Es dónde puede construirse una estructura que sea coherente con:
La actividad del proyecto
El tipo de activo
Los mercados objetivo
La propiedad intelectual
La operación
Las relaciones financieras
La gobernanza
y la evolución futura del negocio.
Una jurisdicción puede resultar adecuada para una determinada función y no necesariamente para otra.
Por eso, una arquitectura internacional puede requerir más de una entidad o más de un marco regulatorio, siempre que exista una justificación empresarial y jurídica clara.
VASP: cuando el proyecto deja de ser solamente el emisor.
La frontera entre emisión y servicios adquiere especial importancia cuando la empresa comienza a realizar actividades sobre activos de terceros.
Un proyecto que crea su propio activo puede tener una lógica diferente de una plataforma que facilita operaciones entre usuarios.
Una empresa que mantiene activos digitales de clientes enfrenta una realidad distinta de una compañía que simplemente desarrolla software.
Y una plataforma que facilita determinadas operaciones puede estar sujeta a requisitos que no corresponden a una empresa tecnológica que no presta directamente esos servicios.
En Hong Kong, por ejemplo, el régimen de la SFC contempla un sistema de licenciamiento para operadores de plataformas de negociación de activos virtuales, mientras que el marco continúa evolucionando hacia nuevas categorías de actividades y servicios.
El ejemplo es importante no porque exista una única estructura aplicable a todos los mercados, sino porque demuestra cómo la función concreta puede determinar el tratamiento regulatorio.
La banca vuelve a entrar en la arquitectura.
Los proyectos Web3 suelen concentrarse en el componente tecnológico y regulatorio, pero la relación bancaria continúa siendo una pieza crítica.
Una operación puede estar correctamente constituida y contar con determinadas autorizaciones y, aun así, necesitar explicar con precisión sus flujos financieros ante una institución bancaria.
La banca analiza el perfil del negocio, la procedencia de fondos, las contrapartes, el modelo de ingresos y la naturaleza de las transacciones.
En proyectos de activos digitales, esta revisión puede adquirir una dimensión adicional debido a la naturaleza transfronteriza y tecnológica de las operaciones.
Por eso, la estructura bancaria no debería diseñarse después de la estructura regulatoria.
Ambas deben poder explicar la misma historia.
La actividad que se declara al regulador debe ser coherente con la actividad que se explica al banco.
La sustancia debe corresponder con la operación.
Una entidad regulada necesita una organización compatible con la actividad que desarrolla.
Esto no significa que todos los recursos deban encontrarse físicamente en un único lugar ni que todos los modelos Web3 requieran la misma infraestructura.
Significa que debe existir correspondencia entre la función que se declara y la capacidad real para ejecutarla.
Gobernanza.
Responsabilidades.
Procedimientos.
Controles.
Personal o proveedores adecuados.
Gestión de riesgos.
Y una estructura de decisión que pueda sostener el modelo.
La sustancia no es una decoración que se añade después de obtener una autorización.
Es parte de la capacidad operativa de la empresa.
La estructura debe poder evolucionar.
El sector Web3 cambia con rapidez.
Un proyecto que comienza como infraestructura tecnológica puede incorporar posteriormente servicios financieros. Un protocolo puede desarrollar nuevas funciones. Una empresa que inicialmente emite un activo puede comenzar a operar una plataforma. Una estructura que inicialmente atiende un mercado puede intentar expandirse hacia otros.
Cada una de estas decisiones puede alterar el análisis regulatorio.
Por eso, diseñar una estructura exclusivamente para el lanzamiento inicial puede ser insuficiente.
La arquitectura debe permitir evolucionar sin obligar a reconstruir el negocio cada vez que aparece una nueva línea de actividad.
La flexibilidad, sin embargo, no significa dejar la estructura abierta indefinidamente.
Significa diseñar con suficiente visión para que las futuras etapas puedan incorporarse de manera ordenada.
La verdadera sofisticación está en separar lo que debe separarse.
En proyectos Web3 existe una tentación natural de concentrar todo dentro de una misma entidad porque la tecnología permite conectar funciones con facilidad.
Desde el punto de vista corporativo, esa facilidad puede ser engañosa.
Tecnológicamente, una plataforma puede integrar emisión, usuarios, pagos, custodia y gobernanza.
Jurídicamente, esas funciones pueden requerir tratamientos diferentes.
La arquitectura corporativa permite crear límites donde el negocio necesita límites y conexiones donde necesita coordinación.
Esa es una de sus funciones más importantes.
Separar no significa fragmentar. Significa asignar responsabilidades de forma consciente.
De la tokenización a la arquitectura.
Un proyecto Web3 profesional no debería comenzar preguntando qué sociedad puede constituirse más rápido o qué licencia puede obtenerse con mayor facilidad.
Debe comenzar entendiendo qué quiere construir.
Después debe determinar qué activos, derechos y servicios estarán involucrados.
A partir de ahí puede analizarse qué actividades son tecnológicas, cuáles son comerciales, cuáles pueden estar reguladas y qué entidades deben asumir cada función.
Solo entonces la estructura corporativa adquiere sentido.
La emisión de un activo digital, la prestación de servicios VASP, la operación tecnológica y la relación bancaria pueden formar parte del mismo proyecto.
Pero no necesariamente deben ser la misma actividad.
La arquitectura legal existe precisamente para ordenar esa diferencia.
El verdadero valor de una estructura Web3.
La innovación no elimina la necesidad de estructura.
La hace más importante.
Cuando un proyecto digital opera en varios mercados, maneja activos digitales, desarrolla propiedad intelectual y mantiene relaciones con usuarios, inversionistas, proveedores y entidades financieras, la estructura jurídica deja de ser una formalidad administrativa.
Se convierte en una infraestructura de crecimiento.
Una arquitectura bien planteada permite identificar qué entidad hace qué, qué derechos existen, dónde se encuentra cada función y cómo puede evolucionar el proyecto sin perder coherencia.
Ese es el verdadero objetivo.
No construir más entidades.
No obtener más licencias.
No crear más capas.
Construir exactamente las necesarias para que el proyecto pueda operar, crecer y evolucionar dentro del marco que le corresponde.
Del token a la estructura.
La diferencia entre emitir un activo digital y prestar servicios sobre activos virtuales puede parecer técnica, pero en realidad tiene consecuencias profundas sobre la arquitectura del proyecto.
Determina qué actividades deben analizarse, qué relaciones deben documentarse y qué estructura puede resultar adecuada para sostener la operación.
En la segunda parte profundizaremos en cómo conectar emisión, VASP, propiedad intelectual, banca y expansión internacional dentro de una misma arquitectura corporativa, y por qué el diseño regulatorio debe preceder a la constitución de las entidades.
Diseñar una estructura Web3.
En ARX diseñamos estructuras corporativas internacionales para proyectos de activos digitales, tokenización y modelos Web3, integrando la dimensión jurídica, regulatoria, operativa y financiera del proyecto.
El objetivo no es simplemente constituir una sociedad o identificar una licencia. Es construir una arquitectura coherente con la actividad que el proyecto realmente desarrolla y preparada para acompañar su evolución.
ARX | Consultoría Patrimonial Privada.
"La tecnología puede crear nuevas formas de valor. La arquitectura jurídica determina cómo ese valor puede organizarse, protegerse y operar."


